Todo eso está muy bien, pero lo importante de un
casco es que se quede en su sitio . Y la responsabilidad de esto es
del sistema de cierre . No sería la primera
vez que a algún piloto, en plena revolcada tras una caída, se le vuela el casco
y se queda con la cabeza al aire. En tiempo remotos los anclajes eran muy
simples, apenas una cinta de cuero con un automático como cierre. Evidentemente,
este sistema no era muy de fiar y a cualquier tracción se abría, pero
centrémonos en lo tiempos que corren. Los más
habituales son dos: los de mecanismo macho-hembra y los de argollas.
Los primeros cierran el barbuquejo con una pieza
que se introduce en otra que la bloquea. Cuando queremos abrirlo, se
aprieta un botón que la libera. Son muy cómodos, pero lo cierto es que la
mayoría de los pilotos de carreras llevan en sus cascos el otro.
El segundo son dos argollas desalineadas a
través de las cuales se introduce la cinta que hace de barbuquejo, y se produce
un autobloqueo de la cinta. Simple, sencillo, sin mecanismos y algo más ligero,
pero sobre todo y por lo que parece, más seguro.
No obstante, cualquiera de ellos
tiene un problema, y es su manejabilidad con guantes. Por ello también
aparecieron una serie de cierres más o menos efectivos, pero a la hora de la
verdad ninguno terminó de triunfar a nivel comercial. Posiblemente, al más
conocido sea al sistema del Levior Function 1, en el que un solo botón en el
lado interno de la mentonera la hacía bascular y permitía sacarte. Era
excepcional, pues se podía poner con gafas, era segurísimo y muy cómodo.